Mostrando entradas con la etiqueta viajar en bici. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajar en bici. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de enero de 2020

Cómo navegar un viaje en bici y no perderte en el intento

Tiempo atrás, navegar un viaje requería el mapa impreso de la región en cuestión y un par de aparatos como una brújula y un compás. Gracias a la tecnología, ahora lo único que necesitas quizá esté en tus manos en este preciso momento: tu celular. Los celulares cuentan con un chip GPS que sirve, además de darle información a las empresas sobre tus hábitos de consumo, para guiarte en esos caminos que quieres tomar cuando vayas a viajar en bicicleta.
Si planeas viajar por carreteras tu vida será muy sencilla, felicidades. Es probable que casi todo el tiempo estés dentro de zona de cobertura, o que no tardes mucho en llegar a ella. En el peor de los casos, sólo debes seguir el pavimento hasta nuevo aviso.

Pero si estás pensando en viajar por caminos más remotos, terracerías, o brechas, tu vida está por complicarse. Entre otras cosas, porque una vez que entres al mundo del despavimentado es posible que pases un buen tiempo sin conexión, lo cual es bueno por varias razones, pero para disfrutar de ello hay que ir preparadx. Al llegar a una intersección donde ninguna de tus dos opciones parece ir en la dirección que deseas, y el agua que tienes sólo te alcanza para un día más, necesitas tener la seguridad de cuál camino tomar. Es probable también que no haya a quién preguntarle. En rutas como la Baja Divide no es extraño pasar días seguidos sin ver a nadie en el camino, y tu única conexión con el mundo será el WiFi de las tienditas en los pueblos que, si bien te va, alcanzará para avisarle a tu mamá que estás vivx.

mapas


Hace algunos años cuando me estaba preparando para una de mis primeras experiencias en terracería, lo mejor que se me ocurrió hacer fue tomar screenshots de Google maps de la zona donde planeaba pasar. El resultado: al no tener referente de mi ubicación actual, tenía básicamente una versión moderna de un mapa de papel, y acabé tomando el camino equivocado y pasando una tarde entera rondando por un bosque, atravesando un rancho privado, y cruzando varios cercos, hasta que decidí dejar la bici recargada en un pino e irme a explorar a pie. Horas después pude corregir mi vuelta errónea y continuar por el camino indicado. Lo que ahora es un recuerdo gracioso, en su momento fueron horas de frustración. El objetivo de este artículo es evitarte eso a ti.

Entonces, cuando vas a hacer un viaje en bici normalmente hay dos opciones:
a)     Planear una ruta desde cero. De nuevo, si vas a viajar por carretera, quizá esto sea cuestión de minutos, dependiendo de cuántos puntos quieras incluir en tu mapa. Pero si vas a viajar por tierra, vete poniendo cómodx porque tienes horas de trabajo frente a ti. Esto se compensa con la emoción de hacer algo nuevo, de sentirte explorador. Apps recomendadas: Google maps es bueno, Ride with GPS es mejor. También recomiendo que la planeación se haga en una computadora en vez de en un celular.
b) También puedes descargar rutas elaboradas por alguien más como las ofrecidas en bikepacking.com o la Baja Divide. En principio, sólo debes cargar la ruta a tu GPS y seguir la línea, e incluyen información de hospedaje, alimentación y condición de la ruta. Generalmente están en un formato llamado GPX, que es compatible con la mayoría de los aparatos GPS incluyendo los celulares. Apps recomendadas: Alpine Quest o Gaia.

Sin título

Ahora vamos a profundizar un poco más sobre las aplicaciones mencionadas. Hay muchas formas de hacer lo mismo, pero esto es de lo que puedo hablar de primera mano porque es lo que he usado:

Ride with GPS (www.ridewithgps.com):
Esta es mi opción #1 para planear mis viajes, y como dije, mucho mejor si es en una computadora. Planear una ruta requiere muchos clicks, hacer zoom innumerables veces para ver caminos, y a veces hay caminos que se pueden ver en la versión satélite del mapa y que no están en la base de datos. Para esto, nada como una pantalla grande y un mouse. Inicia creando una cuenta si no la tienes (es gratis), y en ella podrás ir grabando tus avances y rutas terminadas, las cuales puedes poner públicas o privadas. Por seguridad de otros, las rutas que no he hecho las pongo privadas, y las que sí he hecho las pongo públicas.
Nunca he tenido cuenta de paga, pero aún con la cuenta gratis sigue siendo mi herramienta favorita para el paso de planear un viaje. La cuenta de paga es una suscripción anual de $80 dólares al año, la cual, entre otras cosas, te permite agregar puntos de interés sobre la ruta (la versión gratis sólo ves la línea que es tu ruta) y usar la app para navegar fuera de línea, algo absolutamente necesario para rutas remotas pero hablaremos de una opción más barata y una gratis más adelante.
Ride with GPS tiene una aplicación para Android y iOS. En la versión PC se pueden descargar las rutas a formato GPX, la cual después puedes enviar a tu correo y descargar en tu celular. La app con cuenta gratis no te permite descargar rutas, pero hay una forma de resolver esto: abrir ridewithgps.com en el explorador de internet del teléfono (en Chrome, no en la app de Ride with GPS), luego en el menú del explorador elegir “Sitio de escritorio” (Chrome Android) o “Solicitar sitio de escritorio” (Chrome iOS). Esto presenta la página como se vería en una computadora, lo cual habilita la opción de “Exportar archivo GPX”. En Android, un solo click ofrece apps predeterminadas para abrir este tipo de archivos, pero si dejo presionado el botón, luego “Abrir en una pestaña nueva”, se descarga el archivo al celular, que después se puede abrir con Alpine Quest o Gaia, de los cuales hablaremos más adelante.
Ride with GPS acaba de lanzar un nuevo planeador de rutas en la aplicación que es bastante amigable para pantallas touch, se puede usar en la versión gratis pero al momento de grabar la ruta te pedirá que te suscribas, así que quizá quieras ahorrarte el esfuerzo.

PD: Hola RidewithGPS, please sponsor me, I´m @perdidoenbici 

rwgps2
Esta es la pantalla del planeador de rutas. Cada punto blanco es un click.
Tengo rutas con cientos de clicks, es por ello que recomiendo usar una computadora para esta parte del viaje.

rwgps1
Esta es la pantalla con la ruta ya guardada. A la izquierda está el botón para descargar el archivo "Export GPX file".
Este botón no aparece en la app gratis.

Screenshot_20200123-124308_Chrome
www.ridewithgps.com en Chrome móvil.

Screenshot_20200123-124323_Chrome
Para descargar el archivo GPX a celular con cuenta gratis, selecciona "Sitio de escritorio".
Disponible en ambos Android y iOS.

Screenshot_20200123-124504_Chrome
Dejar el botón naranja presionado descarga el archivo GPX a la memoria del teléfono.

Screenshot_20200123-124522_Chrome
Diferentes formatos para diferentes aparatos. GPX es el de uso más extendido.


Google maps:
La vieja confiable, incluida en la mayoría de los celulares, y absolutamente gratis aunque con grandes limitaciones. En general, podría ser suficiente si vas a viajar por carretera.
Google maps es buenísimo para explorar áreas, pero su practicidad termina donde termina la señal o el Wifi, ya que no es posible cargar una ruta predeterminada a esta aplicación para usarla cuando no tengamos servicio. Mi parte favorita de esta aplicación es la opción de mapas fuera de línea. En el menú de la app está “Mapas sin conexión”, la cual nos permite guardar un área para consultarla cuando no haya servicio. Puedes bajar varios mapas y darles el nombre de la zona para fácil acceso. La versión de mapa que se guarda es la simplificada, no es posible guardar la versión satélite. También, la navegación por bici queda fuera, sólo dejando la versión carro, lo cual reduce las opciones de caminos.
Si vas a guardar un mapa sin conexión, tómate el tiempo de explorar el área mientras tienes conexión. Hacer zoom ayuda a revelar caminos que podrían no verse ya que no haya servicio.
Un par de precauciones: un área guardada expira en un mes y ya no es posible consultarla si no se actualiza. Y entre más grande el área, más memoria ocupa.


Ahora pasaremos a dos aplicaciones que son absolutamente necesarias si vas a tomar rutas remotas como la Baja Divide. No son para planear, sino para navegar una ruta previamente planeada y descargada.

Alpine Quest
Sólo está disponible para Android y no parece haber planes de que salga para iOS. Hay versión gratis (Lite) y de paga, cada una es una app distinta. La de paga es la que uso actualmente desde hace más de un año.
En esta aplicación los mapas se guardan automáticamente en la memoria del teléfono cuando los consultas, es decir, no te pregunta si quieres guardar esa área, lo hace y ya. Hay diferentes mapas disponibles con información distinta (caminos, relieve, satélite, etc.). Lo ideal es explorar la zona de interés mientras hay Wifi o señal, y a diferentes niveles de zoom para revelar/guardar diferente información y poder consultarla cuando estés fuera de línea.
La versión gratis (Alpine Quest Lite) no permite cargar una ruta GPX, pero sí hace lo mencionado arriba. Esto podría ser suficiente para viajar por carretera.
La versión de paga cuesta $10 dólares. Es un pago de una sola vez (no suscripción) y la aplicación estará disponible para usar en cualquier dispositivo ligado a la cuenta con la que se descargó. Permite cargar archivos GPX y mostrar la ruta en forma de línea, los puntos de interés, la altimetría, agregar notas sobre el camino, e incluso se pueden planear rutas pero esto casi no lo he usado porque sigo prefiriendo Ride with GPS en la computadora. Esta aplicación es lo que veo todo el día todos los días cuando estoy en ruta.

Screenshot_20200122-153346_AlpineQuest Off-Road Explorer
Vista amplia del mapa topográfico.
Screenshot_20200122-153420_AlpineQuest Off-Road Explorer
Esto es ya con un archivo GPX cargado. En este caso, la Baja Divide.
Screenshot_20200122-153404_AlpineQuest Off-Road Explorer
Ahora agregué los puntos de interés ("waypoints" en inglés), que es información proporcionada por quien creó la ruta. También puedes agregar los tuyos propios.
Screenshot_20200122-153526_AlpineQuest Off-Road Explorer
Vista simplificada de una sección en específico de la ruta.
Screenshot_20200122-153554_AlpineQuest Off-Road Explorer
Aquí está agregada la ruta en color rojo.
Screenshot_20200122-153538_AlpineQuest Off-Road Explorer
Y esto muestra los puntos de interés arriba mencionados: disponibilidad de agua, comida, hospedaje, etc.
Screenshot_20200124-005017_AlpineQuest Off-Road Explorer
Y aquí agregué la altimetría de la ruta. Así es como utilizo la aplicación casi siempre.


Gaia
La he usado muy poco, pero a diferencia de la anterior, está disponible tanto para Android como iOS, y es la herramienta primaria de navegación de mi pareja @karlatrobles.
Existe versión gratuita y de paga. La membresía anual básica está a 17 dólares al momento de este artículo.
Lo que más me gusta de Gaia es que la versión gratis sí permite cargar rutas predeterminadas y puntos de interés (Alpine Quest no), aunque queda limitada a un solo tipo de mapa, un híbrido de caminos y relieve que podría bastar para la mayoría de los casos. Si no hubiera pagado ya por Alpine Quest esta sería mi primera opción.

Komoot
Aunque es la que menos he usado, esta app parece prometedora. Hecha específicamente para actividades en bici o a pie, tiene un planeador de ruta tanto en PC como en la app. Está disponible gratis y con pagos de una sola vez de varios niveles. La versión gratis parece permitir planear una ruta y navegarla fuera de línea, lo cual podría ponerla en una buena posición frente a las que ya he mencionado. Algo raro es que no me permitió importar un archivo GPX que ya estaba en la memoria de mi teléfono cuando lo tenía en modo avión, sino hasta que activé los datos. Pudo haber sido error mío por mi falta de experiencia con la aplicación, pero eso podría ser un muy gran inconveniente.
Como dije, la he usado muy poco, así que si alguien quiere hacer la tarea por mí y mandarme su opinión, puedo actualizar la información en esta publicación con sus debidos créditos.



RESUMEN
En resumen, lo que yo hago es:
  1. Planear mi ruta en Ride with GPS en la computadora y luego grabar el archivo GPX en mi celular. Si voy a seguir una ruta ya elaborada, sólo debo descargar el archivo GPX a mi celular.
  2. Abrir la ruta en Alpine Quest. Si no quieres pagar o tienes un iPhone, entonces recomiendo Gaia GPS.
  3. Explorar el área por donde voy a pasar en la aplicación mientras tengo Wifi para tener acceso a la mayor información posible cuando no tenga servicio.
  4. ¡Ir a pedalear!
Consejos finales: mientras estés en zona de servicio, usar el teléfono en modo avión simula la ausencia de señal y puedes experimentar cuáles opciones de la app sirven y cuáles no. A la hora de navegar la ruta, el modo avión extiende la duración de la batería.
Si vas a confiar en tu teléfono como guía es indispensable que no se te quede sin batería. Recuerda traer una forma de cargar tu teléfono: una batería caché con energía suficiente, panel solar, dínamo, etc.

¡BUEN VIAJE!

martes, 22 de mayo de 2018

Le Tour de Yaqui: Semana Santa en los 8 Pueblos Yaquis, ep. I

En memoria de Crzysztof Chmielewski y Holger Franz Hagenbush

Prólogo: en esta ocasión, "Perdido en Bici" se place de contar con la colaboración de una invitada especial, Karla Robles (https://www.instagram.com/karlatrobles/), socióloga con maestría en Ciencias sociales, feminista, amante de los animalitos y ciclista urbana, que con esta experiencia se estrena en el mundo de viajar en bici. Su texto está en color morado y grueso, el mío en negro estándar. Las fotos que no tienen mi marca de agua son de ella.


**********************************************************************

Mi alarma esta mañana es el traqueteo de carros que transitan por una calle en mal estado, pero por más que busco el botón, no logro apagarla. Los carros no dejan de pasar. En un momento hasta me parece oír un tráiler, porque el ruido tardó mucho en irse. Todavía en el último nivel de sueño me pregunto qué rayos hace un tráiler en una calle del centro de un pueblo, pero me rehúso a abrir los ojos. Mi cerebro se despierta antes que yo para recordarme algo: estoy dormido en la cochera de la casa de alguien que no conozco. Y esta vez no estoy solo, esta vez he invitado a alguien a mis bicitonterías y para su mala suerte, me dijo que sí. Entonces me forzo a despegar los párpados, para evaluar en qué situación nos he metido a Karla y a mí.

Abro los ojos y veo el techo blanco de la cochera en la que decidimos pasar la noche. Me siento sin salirme de mi sleeping, y veo que la mañana ya lleva rato que llegó. La calle está a unos cinco metros de mis pies y pasan carros muy seguido, de todo tipo, los que llevan más prisa hacen más ruido porque caen en todos los baches posibles. Por la banqueta pasan algunas personas caminando. Una señora de paso apurado voltea a verme e inmediatamente gira su mirada a otro lado. Un perro con finta de que sabe exactamente a dónde va pasa sin voltear. Un señor que no lleva prisa se toma el tiempo de darme los buenos días, y yo ahí con mi cara de recién levantado. Qué digo levantado, si ni siquiera he salido del sleeping.

Volteo a mi derecha y veo a Karla. O eso creo, porque todo lo que veo es un bulto. Con el zíper del sleeping verde cerrado por completo y tapada de pies a cabeza da la impresión de ser una oruga gigante. Acerco un poco mi oído y oigo que la oruga gigante respira profundamente. Estamos en el suelo de una cochera de una casa extraña en un pueblo extraño con carros extraños que no dejan de pasar con su ruidazo, y ella respira profundamente. Y yo aquí preocupado de que Karlita no fuera a estar incómoda. Entonces oigo que detrás de mí se abre una ventana, y una voz femenina nos dice “Buenos días”.

Pero, supongo que habría que explicar cómo fuimos a dar aquí, ¿no?

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Yaqui-1

CÓCORIT 

Como todo transcurrir del tiempo, voy conociendo gente agradable, de la cual siempre aprendo, que admiro y trato de mantener en mi vida. Daniel es uno de ellos, él tomó la decisión de cambiar su “chip”, de cambiar su vida, de ir contra el sistema, de vivir y perderse en su bicicleta y ser feliz. Cuando lo pienso a él vuelvo a retomar la esperanza, que un mundo mejor es posible. Daniel aquí “Dani” lleva años arriba de su bici, visitando lugares preciosos, compartiéndonos lo que ven sus ojos por medio de fotos, lo que su cerebro recuerda, lo que siente y lo que aprende en historias escritas. A Dani le gusta tanto hacer viajes en su bici que todavía no termina uno cuando ya está planeando el siguiente, siempre lo dice, y efectivamente, todavía no llegaba de donde andaba cuando me invitó a recorrer los 8 pueblos Yaquis en bicicleta aprovechando que se aproximaba la Semana Santa, me pareció una idea maravillosa, ver de cerca las ceremonias desde su origen, en la comunidad Yaqui, en su espacio, yo acepté.

Los Yaquis o Yoemes (que significa gente) son uno de los grupos étnicos de Sonora, apegados a la religión católica pero con sus propias costumbres y tradiciones. Los Yoemes celebran la Semana Mayor o Semana Santa de manera distinta a los “Yoris” (los que no somos Yaquis, los blancos), la tradición marca que durante los 40 días de cuaresma se revive y rememora la vida de Jesús, su vida en austeridad y la confrontación de valores individuales y colectivos por medio de rituales sagrados y prácticas conductuales diferentes a las habituadas como, el ayuno, la abstinencia al placer carnal y el consumo de carnes y bebidas alcohólicas. Algunos de estos rituales representan las fuerzas negativas y positivas de la humanidad y transcurre en diferente intensidad, eso iban a presenciar nuestros ojos, eso íbamos a vivir nosotros, en nuestras bicis, ¡qué afortunados!

Ayer por la tarde salimos de Obregón con la misión de recorrer los ocho pueblos Yaquis y presenciar la celebración de Semana Santa en cada una de estas comunidades. Tenemos de miércoles a domingo, es decir, cinco días, para recorrer Cócorit, Bácum, Tórim, Vícam, Pótam, Rahum, Huiribis, y Belem, en ese orden. La distancia entre cada uno de los pueblos no es muy larga, y eso nos conviene mucho, teniendo en cuenta el tiempo que pasaremos asistiendo a la ceremonia en cada lugar.

Al llegar a Cócorit el sol ya se había metido, así que después de merodear un poco en la plaza principal, nos sentamos a comer un elote en una banca. Un señor en una bici de cuatro ruedas (¿cuatricicleta?) se nos acercó y nos preguntó de dónde veníamos. Le explicamos nuestros planes y al enterarse que no teníamos lugar para pasar la noche, nos ofreció su patio. El único detalle era que debíamos esperar hasta las 10 pm para ir a su casa, porque primero iría a darse una vuelta al billar. Nos explicó cómo llegar y se fue, y nosotros relajamos los ánimos, contentos de tener un lugar dónde quedarnos hoy.


Yaqui-3

Resuelta la cuestión del hospedaje, nos lanzamos hacia el Konti que es la zona de Cócorit donde viven los yaquis. Cruzamos el canal y a partir de ahí todo fue solemnidad: hoy se conmemora la Noche de las Tinieblas, que no es precisamente un festejo, porque la tradición indica que hoy es el día en que los judíos deciden apresar a Cristo. También cambian un poco las reglas. Para empezar, no está permitido el registro gráfico de la ceremonia. En pocas palabras, está prohibido sacar cámaras, celulares y cualquier aparatito de esos. Esto, aunque ya lo sabíamos de antemano, es la mayor dificultad a la que nos enfrentamos Karla y yo. Deja tú el tener que ponernos pantalones (también es parte de las reglas no andar por ahí enseñando pierna), el no poder tomar fotos va a requerir que nos amarremos las manos, so pena de ser despojados de nuestros preciosos medios de registro fotográfico. Así que nos programamos para disfrutar como se hacía antes, viendo con los ojos directamente y sin pantallas de por medio.

El chapayeca

La prohibición de las fotos tiene su razón de ser, y me fue explicada en una visita previa a este lugar: dentro del ritual yaqui y mayo de Semana Santa, existe un personaje muy particular con el cual la gente de Sonora y Sinaloa está muy familiarizada: el fariseo, o “chapayeca”. Temido por muchos y respetado por otros, el chapayeca es prácticamente el actor principal de todo el escenario yaqui de Semana Santa. Con sus variantes de un lugar a otro, en general consiste en un ser cuyo cuerpo está cubierto con ropa de manta y lo que parece una cobija de esas de barbitas; cascabeles a la cintura y pantorrillas llamados “tenabaris” hechos de capullo de mariposa, y el rostro cubierto por una máscara de piel de animal (aunque en tiempos modernos parece haber una apertura hacia máscaras de otro tipo de materiales y de personajes de la cultura popular), y armado de una espada y un cuchillito hechos de madera y pintados de blanco con adornos de colores. El chapayeca es resultado del sincretismo entre las creencias yoemes y la religión católica, y representa al fariseo, al judío que abogó por la encarcelación y crucifixión de Cristo hace como dos mil años. El último día de la Semana Santa, todas las máscaras de los fariseos se apilan y se les prende fuego. Con la quema de máscaras, se queman también las deudas del hombre detrás de la máscara, y por ello no debe de quedar registro de ella, o el fariseo y todo lo que conlleva no habrán muerto, sino que permanecerá en la tierra, vivo.

Durante la cuaresma y la semana santa el chapayeca deambula por las calles del pueblo, con una posición encorvada y las rodillas ligeramente dobladas, inhabilitado de voz pero no de interacción con sus alrededores: se comunican entre sí y con la demás gente vía golpecitos a su espada, corretea a los niños que lo torean, y señala con el cuchillito todo acto de trasgresión a las reglas de semana santa: una gorra dentro de la iglesia, un reloj de pulsera a la vista durante una procesión, la bolsa de un pantalón que emite luz de una pantalla de celular…todo esto durante los 40 días que dura la Cuaresma más los de la semana santa, y generalmente, por tres años consecutivos. Pero de esos días, los últimos cinco son, para rematar, los más intensos. Y son precisamente esos cinco días los que nosotros vinimos a presenciar.


Yaqui-2

La Noche de las Tinieblas

Al llegar al Konti, recargamos nuestras bicis en una de las paredes de la iglesia, y nos acercamos a la entrada. Es una pequeña sala rectangular, las luces están apagadas y lo único que ilumina es un triángulo de velas frente a un crucifijo de gran tamaño. Un hombre está parado frente a ellas diciendo unas palabras en yaqui, y a su derecha un grupo de mujeres con las cabezas cubiertas está cantando, también en yaqui. Detrás del hombre hay una fila doble de chapayecas que llega hasta mucho más allá de la entrada de la iglesia, y a su vez la fila es resguardada por otros personajes de la Semana Santa yaqui: los cabos. El cabo, según me explicaron, suele ser un aspirante a chapayeca, pero para ser chapayeca, hay que estar casado. Por eso los cabos suelen ser jóvenes, incluso niños. Ellos parecen estar encargados de que todo transcurra en orden, de que la gente dé el espacio necesario a los fariseos, y de que los fariseos no se aloquen demasiado. Visten pantalón y camisa blanca, con un chaleco y sombrero negros, y un pañuelo que cubre casi toda la cara, también negro. A diferencia de los fariseos, ellos sí pueden hablar, tanto entre sí como con la gente.

La mayoría de los chapayecas visten la máscara tradicional hecha de piel de animal, barbas largas y una expresión facial que parece el intento de sonrisa de alguien que no nació con ese instinto. Pero entre ellos también distinguimos a un Don Ramón, dos pitufos, un Chavo del Ocho, un Ché Guevara, un rockero, un jefe apache, un Homero Simpson, un Memín Pinguín... De alguna manera, la cultura popular ha permeado la tradición Yaqui (que de por sí ya era resultado de una mezcla) y ahora hay una serie de personajes sacados de cuentos provenientes de otros lados.

Los murmullos no dejaban de decir que ya iba a empezar, y de repente los tenabaris resonaban en la tierra, se sintió una energía muy fuerte, como si viniera hacia nosotros una parvada de soldados, y al fondo los vimos, a los chapayekas, y frente a ellos los “cabos” quienes se encargaron de formarnos, abriendo espacio, marcando una línea imaginaria de seguridad con sus machetes de madera, su presencia era tan fuerte y dominante que no te dabas cuenta que solo eran jovencitos de entre 12 y 20 años, hasta que veías sus ojos, llenos de vida, pero con ímpetu de Yaqui.

Dani y yo nos preguntábamos qué había y qué hacían ahí adentro que los hacía estar esperando tanto, me acerqué a una de las entradas por el costado, la iglesia era un salón grande, rectangular, con techos altos, con cuatro ventanas de vidrio con los colores de la bandera Yaqui, rojo, azul, amarillo blanco, nunca he dejado de preguntarme por la presencia de las mujeres de la tribu en las ceremonias, así que fue lo primero que vi y localicé, ahí estaban con sus faldas rosas, verdes, rojas, moradas, y sus rebozos de colores, con su piel de color puro, con sus grietas en la cara y sus ojos café claros, sentadas en el piso al frente, juntas, cantando en su lengua, con su vista fija al altar, sin que les haga falta el aliento, dirigí mi  mirada para ver lo que ellas veían, y entonces vi el “tenebrario” lo que parece un triángulo con muchas velas encendidas cubierto de ramas, y un hombre al frente rezando y recibiendo a los chapayekas.

A intervalos y después de una señal proveniente del señor frente al altar, los chapayecas tocan tres veces su espada con su cuchillito haciendo un clik clik clik y luego menean los cascabeles en un gracioso movimiento de cadera y hombros. La fila avanza, y los dos chapayecas que llegan al frente se tiran al suelo, se arrastran por detrás de las velas y de la cruz, y cuando salen por el otro lado, se van al final de la fila. Cada cierto tiempo el señor apaga una vela, que es lo único que me indica que el tiempo sí está transcurriendo y que no estoy atrapado en un mismo momento repitiéndose una y otra vez. Cuando noto que alguien hace algo distinto, le digo a Karla “Mira, ¡ya está pasando algo diferente!”, aunque 9 de 10 veces es sólo una falsa alarma y eventualmente Karla deja de hacerme caso. Hasta que por fin sí pasa algo diferente. Se apaga la última vela, cada chapayeca se hinca en el suelo, se quita la máscara después de haberse cubierto la cara con un pañuelo, y su respectivo padrino o madrina procede a darle de chicotazos en la espalda. Después de un par de minutos, todo vuelve a la normalidad. Con esto, Karla y yo damos por concluida nuestra noche.

IMG_2662

Montamos nuestras bicis y volvemos al otro Cócorit, donde todo está en calma. Son unos minutos después de las 10 pm, la hora acordada para llegar y seguimos las instrucciones que nos dio Humberto para llegar a su casa pero cuando llegamos al lugar indicado, todo estaba oscuro y era un poco confuso porque nos dijo que era la casa con una banca enfrente pero la banca estaba justo en medio de dos casas, una de ellas con cochera y la otra no. Así que tocamos en las dos puertas, aplastamos el botón de timbre, pero nadie salió de ninguna. Le sugerí a Karla ir al billar, parte para buscar a nuestro amigo, parte porque se me antojaba una cerveza. Así que fuimos.

Entrar al billar fue la clásica escena que vive todo el que entra a una cantina en un pueblo ajeno, pero sumado el hecho de traer dos bicis cargadas de cosas. Cinco o seis hombres se repartían entre varias mesas y una mujer estaba sentada sobre una de ellas, e iba y venía de la barra cuando le tocaba atender a alguien. Pero ninguno de los hombres era “nuestro” hombre. Karla y yo ocupamos la primera mesa de la entrada y pedimos una cerveza. Un tipo nos saludó desde la barra y le devolví el saludo, y pasó lo que pasa cuando le devuelves el saludo a un borracho: viene hacia ti. Pidió permiso para servirse de nuestra caguama en su vaso, y después intentó decirnos algo pero entre su lengua dormida por el alcohol y el volumen de la rockola no le entendimos nadita. El caballero canceló su intento de comunicarse y yo retomé mi intento de conversar con Karla, aunque ahora ambos (ella y yo) estábamos claramente incómodos por la presencia de nuestro nuevo compañero de mesa.

Cuando notó que la botella estaba vacía el señor hizo seña de pedir otra. Nosotros le dijimos que ya nos íbamos y mientras agarrábamos nuestras bicis la señora del bar nos preguntó si veníamos con Humberto. Lo cual nos confirmó que sí estuvo ahí.

No sé si sería mi perspectiva de vida, que siempre estoy atenta a las miradas lascivas, las insinuaciones y lo desagradables que me resultan, no pude dejar de sentirme incómoda, a pesar de mi deseo de querer disfrutar con Dani el triunfo de nuestro primer pueblo y nuestra primera ceremonia conquistada, pensar en eso me resultaba más molesto, a pesar de todo estaba contenta de estar ahí, en ese o cualquier lugar, decidí que nadie me arrebataría mi felicidad. La única mujer que atendía el lugar había aprendido la dura batalla de lidiar con hombres borrachos y necios, así que parecía ya adaptada, ahí mandaba ella, ¿cuánto tiempo le habrá tomado? ¿Por qué situaciones habría pasado?, no lo sabemos, pero cuando nos terminamos la cerveza y estamos a punto de irnos, se dirigió a nosotros diciéndonos si íbamos con Humberto, nos dijo que estuvo ahí y que mencionó que se tenía que ir porque recibiría a sus sobrinos que venían viajando en sus bicicletas, no desmentimos esa idea, al contrario nos pareció tierna, dulce y solidaria.

Yaqui-5

Volvemos a las casas de la banquita blanca pero esta vez no tocamos ninguna puerta ni ningún timbre, aunque todavía me di el lujo de derribar un macetero de metal que hizo todo el escándalo que le fue posible. Pero nadie sale. Incluso desconecto el enchufe de la lámpara que ilumina la cochera, y Karla y yo procedemos entonces a acomodar las bicis, y luego acomodar nuestro tendido nómada en el suelo. Nos ahorramos la molestia de la casa de acampar y sólo echamos nuestros tapetes y sleepings al suelo y, contrario a lo esperado (por aquello de estar durmiendo prácticamente en la calle), a ambos nos llega el sueño muy pronto.

Ya casi no sentía mis pies y tenía la nariz helada, apuesto que si me veía en un espejo la tendría roja como siempre me pasa en invierno, pero en cuanto me metí al sleeping fue automática la calidez ¿qué demonios tenía ese sleeping y por qué no me había metido antes ahí?, no volví a saber de mí en toda la noche hasta que a la mañana siguiente sentí la presencia de alguien muy cerca de mí, era Dani cerciorándose de que respirara, me preguntó cómo había dormido con un tono un tanto preocupado, yo sentí como si hubiera estado en mi casa, en mi cama, con mi gatita a un lado, en ese momento descubrí que tenía una maravillosa habilidad, dormir profundamente en cualquier superficie o condición, una amiga me dice que es un súper poder, y ahora lo pienso así, tengo un ¡súper poder! recién descubierto en este tour. Creí que eran las cinco o seis de la mañana cuando vi la hora y eran las nueve, tenía la idea de despertar más temprano para no sorprender a los dueños de la casa.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Me volteo hacia donde está la ventana y respondo el buenos días, seguido inmediatamente por una explicación apurada de por qué rayos estamos ahí. La voz femenina responde con un “¿Quieren café?”. Yo no tengo muchas reglas en mi vida, pero una de ellas es que siempre que me ofrecen café digo que sí (en mi vida ordinaria no lo tomo). Mientras Karla y yo intentamos quitarnos las caras de dormidos, la puerta se abre y salen la mujer de la voz y un hombre, y nos invitan a entrar. Mientras se sirve el café les contamos con más detalle nuestra historia y resulta que ella es hermana de Humberto, quien nos invitó a su patio anoche y a quien no volvimos a ver. Humberto vive en la casa de enseguida, y basta una llamada para que segundos después aparezca. Nos explica que efectivamente estuvo en el billar y sí llegó a su casa a la hora acordada pero se quedó dormido inmediatamente, y no despertó sino hasta hoy en la mañana.

Nuestros nuevos amigos nos hablan sobre la vida pasada, presente y futura en Cócorit; mucho después de haber vaciado nuestras tazas, Karla y yo nos lanzamos a la calle de nuevo.

IMG_2659

No podía estar más agradecida y contenta, superamos un día y empezamos otro con buenas energías, nos despedimos y nos bendijeron, no hay nada mejor que una bendición de alguien desconocido (excepto la de mamá) un deseo de otra persona por tu bienestar, por nuestro bienestar en los próximos siete pueblos venideros. Dani y yo recorrimos Cócorit con luz de día.

Cócorit se caracteriza por sus murales que principalmente son de aves endémicas de Sonora y especialmente de la región de Cajeme, así que dimos un par de vueltas para tomarnos fotos. Humberto nos comentó que le invertían y apostaban al arte y la cultura regional así que los murales estaban hechos por personas del pueblo o de Obregón.

Dani era el experto en rutas, poco antes había descubierto también mi incapacidad para ver los mapas, me parecen poco prácticos cuando estás rodeado de un montón de gente a la que le puedes preguntar, yo siempre he preferido a la gente, y esto tiene sus ventajas y desventajas; la ventaja es que estás en contacto directo con la comunidad, permite la interacción con las personas del lugar en donde estás  y de una u otra manera ya no eres tan desconocido; la desventaja, todos te dicen cosas distintas, así que combinábamos ambas, Dani veía las rutas en su mapa, yo le preguntaba a la gente.

IMG_2674

BÁCUM

La ruta que tracé por los ocho pueblos está (más o menos) planeada para usar caminos menores, tanto de terracería como pavimento, y usar lo menos posible la carretera internacional, que aparte está en reparación en muchos tramos. Las distancias cortas entre un pueblo y otro nos darían tiempo para presenciar las ceremonias que, como pudimos notar anoche, no son cuestión de sólo un par de horas, sino de un ratote que además no tiene una hora fija de inicio ni de final. Para llegar a Bácum seguimos un camino de tierra que va paralelo a un canal, pasando por campos de cultivo y donde rara vez nos pasa un carro.

Al principio era maravilloso, de lado izquierdo un canal escuchando siempre el correr del agua, brillando por el reflejo del sol, de lado derecho kilómetros de campos de cultivos, infinito color verde, pero después de media hora, una hora o más, por camino de tierra, con piedras filosas, el sol quemándote y “trocas” pasando echándote toda la tierra encima no está tan suave, lo que sí está suave es lo que se ve, lo que se disfruta, lo que descubres de ti misma, definitivamente lo volvería hacer muchas veces más.

IMG_2676

Tomamos la carretera y ya estábamos en Bacum, ese no era nuestro destino, lo nuestro era ir a la Loma de Bácum a apreciar las ceremonias, pero ya estábamos muy cerca, nos detuvimos en la iglesia para hacer “check point” y nos tomamos algunas fotos.

IMG_2682

Cuando llegamos a Loma de Bácum nos detenemos a unos metros de la iglesia y somos abordados inmediatamente por un par de hombres, quienes nos advierten que no está permitido tomar fotos ni video, mientras señalan a mi lámpara de bicicleta. Yo entiendo que la pudieran estar confundiendo con alguna cámara tipo Gopro, así que les muestro su función real. Ellos se van pero en su lugar se quedan un puño de niños, que inmediatamente empiezan a preguntar cosas una tras otra sin dar tiempo a escuchar ninguna respuesta mientras tocan todo lo que queda al alcance de sus manos, especialmente las campanitas y los cambios de nuestras bicis. Yo no tengo una tolerancia muy alta hacia los niños, mucho menos cuando se trata de niños tocando mi bicicleta y preguntando cosas. Karla y yo avanzamos hasta la iglesia entre voces infantiles que sugieren que juguemos unas carreras a ver quién llega más rápido. Una vez frente a la iglesia recargamos las bicis en la pared, y entramos. La iglesia es similar a la de Cócorit: blanca por fuera, una fachada sencilla, y un espacio rectangular por dentro, aunque bastante más grande. Observamos el austero templo mientras escuchamos que sigue sonando la campana de una de nuestras bicis, señal de que los niños no se han aburrido, y después de un ratito volvemos a salir. Aún no hay actividad, algunas personas se refugian en la sombra de los árboles, y nosotros hacemos lo mismo.

Según la tradición, Cristo es apresado hoy, y parece haber una actitud general de silencio. Un grupo de personas se arrodillan y rezan debajo de un techo de ramas y hojas al que llaman “ramada” y que es básicamente el centro de descanso de los chapayecas. La mayoría de ellos, si no es que todos, son hombres. Observamos un rato y después decidimos volver a Bácum para buscar un lugar para pasar la noche. Al llegar planeamos ir al río que habíamos visto antes, pero antes nos detenemos en un expendio por unas papitas y un par de cervezas. El señor del expendio nos pregunta qué andamos haciendo y cuando le mencionamos la posibilidad de acampar en el río, nos dice que hay un campamento cristiano justo a la orilla del río pero en otra zona del pueblo, que está lleno de casitas de acampar y hay puestos de comida. Karla y yo consideramos la oferta pero por ahora nos dirigimos al río, que ahora está plagado con carros y gente. Aún es de día, y la gente disfruta los últimos rayos de son para tomar unas bebidas refrescantes. Nosotros tendemos un tapete en el suelo a la orilla del río y hacemos lo mismo, aunque nos queda claro que este no será un buen lugar para pasar la noche.


Yaqui-9


Yaqui-14

Yaqui-15

Después de una sobredosis de narcocorridos y gente que se nos acerca demasiado decidimos buscar el lugar que nos dijo el señor del expendio, y hacer el tendido para la noche. Llegar resulta fácil gracias a una serie de letreros y a que desde lejos se oye música. Al entrar sólo tenemos que empujar una reja y nadie nos cuestiona nada en absoluto. Buscamos un pedacito despejado, ponemos la casa, y vamos a los puestos a buscar algo de cenar y explorar el lugar en que nos hemos metido.

Había cientos de casas de campañas, baños, food trucks con luces hipsters, y música en vivo, sí, música en vivo cristiana, de inmediato buscamos un lugar, acto seguido el Dani se comió dos platos de menudo y yo unas quesadillas con frijoles.

El evento era algo así como un Woodstock, pero sin todas esas cosas que tú y yo sabemos que hubo ahí y que no hay aquí. Mientras cenamos toca una banda norteña pero sus letras tienen un claro mensaje de alabanza, con una música y voz que me recuerdan a los de Intocable. Le digo a Karla que seguro se han de llamar “Impecable”, porque pues, no tienen pecado, sin-pecado… ¿entiendes?... Y con esa mala broma llegamos a la conclusión de que es hora de irse a dormir.

IMG_2707

Los asistentes del evento no se desvelan mucho ni tampoco madrugan mucho, y esto me hace sentir un cierto agrado hacia ellos. A la mañana siguiente, mientras recogemos el tendido y nos auto-novateamos en el arte de preparar café de camping, podemos oír que alguien desde el escenario ya se está preparando para amenizar la mañana. Volvemos a desayunar en los puestecitos de ahí pero cuando a Karla la llaman “hermana” nos damos cuenta de que llegó el momento de retirarnos.

Yaqui-32

Yaqui-39


IMG_2708


Yaqui-48

Antes de agarrar camino de nuevo, pasamos por la iglesia de Bácum y les pedimos prestada la manguera a unas mujeres que (después nos dimos cuenta) estaban por cerrar la iglesia e irse. Nos damos un baño exprés y ellas pacientemente nos esperan afuera, y aparte de todo, nos regalan unos panes benditos y luego nos dan la bendición así como le hacía mi abuelita cuando íbamos a agarrar carretera para volver a Hermosillo desde Juárez.

IMG_2713

De nuevo nos encontramos siguiendo el camino paralelo al canal. A mí me encantan este tipo de caminos de terracería, pero siento que Karla no lo está disfrutando tanto. No la culpo. Su bici es una híbrida y las llantas son delgaditas (700x35), y por ello su cuerpo recibe todas las vibraciones del camino. Una rebotadera pues. Afortunadamente, creo que los alrededores están sirviendo de distracción.

IMG_2717-2

El camino hacia Tórim lo percibí como el más difícil, muchas piedras, mucha arena, mucho sol, mucho calor, aquí sentí mi cara secándose con la tierra y cómo ardía con el sol, me preguntaba qué demonios hacía ahí pudiendo estar en casa poniéndome unas mascarillas y viendo Netflix, totalmente relajada en mi semana completa de vacaciones, esto lo pensaba mientras  mantenía la cabeza agachaba, mientras veía la irregularidad del camino y sentía que mis piernas ya no podían más a pesar de ir más lenta que una persona caminando, inmediatamente cuando levantaba la cabeza y volteaba al frente y a mis alrededores yo sola contestaba a mi pregunta: “ah sí, ya me acordé del porqué estaba aquí y me repetía que yo era fuerte, que estaba creciendo, que en cada pedaleada me superaba, que mis piernas respondían, que estaba sana, que era un reto personal, que agradecía venir con Dani, que me agradecía por permitirme vivir estas aventuras inimaginables en otro momento de mi vida, que era el mejor momento para hacerlo, que estaba viviendo lo que deseaba, que los paisajes eran hermosos y no los hubiera disfrutado tanto de otra manera que no fuera esa”. Dani parecía tan relajado que cada pedaleada suya sentía que eran mil mías, cada tanto volteaba y sonreía, sentía que era señal de que no la estaba pasando tan mal como yo creía y me relajaba un poco al no sentir el estrés que yo misma me generaba intentando seguir su ritmo.

Yaqui-52

Yaqui-55

Yaqui-60

Yaqui-63

Nos subimos al pavimento durante un rato y pasamos San José de Bácum por una carretera con poco tráfico, luego tenemos que agarrar tierra de nuevo. Antes de desviarnos nos detenemos bajo una sombra a descansar y nos echamos agua en la cabeza pal calor. Nos faltan sólo 10 km para Tórim pero es terracería y algunas partes están medio arenosas. A la mitad del camino pasamos por Chumampaco, una pequeña comunidad donde unos muchachos como de secundaria están limpiando una escuela, pero sólo nos detenemos para una foto en lo que parece ser la iglesia local.

IMG_2725

Antes de llegar a Tórim atravesamos un camino muy arenoso con campos de trigo alrededor, una patrulla se paró a preguntar lo que siempre nos preguntaban, y contestamos lo que siempre contestábamos, siento que la ventaja de nuestra respuesta nos protegía, tal vez nos percibían como dos mushashos con mucha fe católica, pero la verdadera motivación venía de nuestra curiosidad antropológica y el gusto por el cicloturismo combinados. Un San Judas nos dio la bienvenida a un pueblito con casas todavía construidas de adobe, donde se notaban las carencias y el abandono del estado, nos detuvimos un poco a mojarnos de nuevo la ropa y aprovechamos para tomar una foto de nuestras bicis en su iglesia que refleja perfectamente la vida y condiciones de ese lugar.

Al llegar a Tórim contacté a mi amiga Pati quien conoce bien las comunidades Yaquis, me había dicho que la contactara porque ella estaría por esos lugares, la casualidad más grande fue que decidí llamarle desde Tórim y estaba ahí, nos encontramos con ella y dejamos las bicis en la casa de las culturas populares, partimos a la ceremonia, era la procesión, nos advirtió sobre el purismo de esta comunidad, los espectadores no debemos traer ningún accesorio que se perciba como ostentoso en la procesión, Dani se quitó su reloj.

Yaqui-67

La iglesia estaba en una loma, con ruinas frente a la iglesia y un valle a un lado de ella. Tórim fue donde hubo más resistencia Yaqui durante la conquista y donde se hicieron fuertes protestas armadas, aún conservan las ruinas de lo que fue el castillo militar. Nos formamos para salir, separan a hombres y mujeres en dos filas, no puede haber ninguna interacción, así que perdí de vista a Dani. Al frente de la procesión van los guardianes de la virgen, nombramiento que se da sólo en los días santos, detrás las autoridades también nombradas en la cuaresma, después el pastor de la iglesia y el presidente municipal quien pierde todo poder durante los días santos.

Durante el recorrido las mujeres podemos cargar a la virgen e írnos rotando como símbolo de peregrinación, decidí hacerlo para vivir toda la experiencia completa, solo tenía que ponerme enseguida de alguna mujer que la estuviera cargando y automáticamente significaba que seguía yo, las mujeres se acercan y me ponen un mantel bordado por ellas en la cabeza y una corona de tela con listones de colores, fueron unas cuantas cuadras cuando tocaba el turno a otra mujer, me sentí muy contenta de haber participado de esa manera, era otra yo.

IMG_2749-2

En la distancia veo que Karla y Pati cubren sus cabezas con un velo como el resto de las mujeres, y yo me quito la gorra como el resto de los hombres. Las mujeres se agrupan al centro de la procesión y los hombres nos repartimos en dos filas, una a cada lado del grupo de mujeres. Mientras caminamos, los chapayecas no dejan de juguetear como siempre. Con sus cuchillitos le hacen cosquillas en la nuca a los hombres, les indican que se quiten el sombrero si no lo han hecho, a uno le dan golpecitos en su reloj de pulsera y ya se me hacía que se lo quitaban (yo traigo el mío dentro de la bolsa gracias a la advertencia de Pati) pero le dieron chanza de guardarlo. Cuando me creo a salvo de la furia chapayeca, siento un piquete en la parte de arriba de mi pie: uno de ellos ha puesto la punta de su espada sobre mi pie izquierdo. Lo volteo a ver y me pongo nervioso, nunca había tenido a un fariseo tan cerca viéndome a la cara. Luego volteo al suelo y me doy cuenta que mi calzado desentona con el huarache tradicional que traen casi todos, pero para entonces el chapayeca ya se ha ido a jugar a otro lado.

La procesión da una vuelta por las calles del pueblo y vuelve a la iglesia. Al llegar veo que uno de los chapayecas se separa del grupo y se inclina en una sombrita, se quita la máscara, y después acuesta la mitad de su cuerpo, apoyándose en un codo. No se ve bien. Uno de los cabos se acerca a él y el chapayeca le hace señal de querer agua. La procesión duró cerca de una hora y yo no hice más que caminar con el sol en la cara y ya siento necesidad de agua, pero ellos llevan días, semanas bailoteando envueltos en cobijas con las caras cubiertas. El chapayeca caído se reanima y vuelve a su grupo, luego yo busco a las muchachas y volvemos al centro cultural, donde pasamos un rato platicando con Chayo, habitante de Tórim y amiga de Pati, sobre la costumbre Yaqui y los proyectos que tienen en Tórim.

“La Chayo” platicó que ella y un grupo de mujeres de la comunidad habían realizado un mariposario, un invernadero de mariposas, ante la escasez de tenabaris debían implementar acciones, los tenabaris son parte de la vestimenta de los chapayekas, se hacen con capullos de mariposas y es difícil de conseguir en estos tiempos, así que ellas mismas construyeron este mariposario, ambientado para que las mariposas puedan poner sus capullos y ellas poderlos usar para conservar sus tradiciones. Una pregunta que me venía haciendo ruido desde hace tiempo era sobre la adoración a la virgen maría y su hijo jesús, si los Yaquis fueron de las tribus indígenas que más se resistió a la evangelización, a quién adoraban antes de este acontecimiento?, “La Chayo” me dijo que antes sus dioses eran el sol, la luna y las estrellas, el sol como figura masculina y la luna femenina, y que ahora la tienen en su propia bandera, sin renunciar a sus ancestros, sus creadores, no pregunté más.

IMG_2743

Antes de que se haga muy tarde Karla y yo nos despedimos para seguir nuestro camino y hacer los otros 15 km que hay hasta Vícam, nuestro pueblo número cuatro de ocho. Un camino pavimentado nos saca a la Carretera internacional.

Yaqui-68

El sol caía y yo cada vez me acostumbraba más a tomar el tiempo viendo el movimiento del sol, nos teníamos que mover, el camino fue hermoso, rodeados siempre de mezquites amarillos, con un pavimento que no estaba mal y poco afluencia de carros, y luego salimos a la carretera Obregón-Hermosillo.

Yaqui-71
IMG_2766

No habíamos comido gran cosa desde el campamento cristiano, así que al llegar a Vícam nos detuvimos en unos tacos y ordené unas quesadillas con frijoles, para mi sorpresa, los frijoles eran enteros, en caldo (¡qué rico!) con TOCINO (a una vegetariana no le gusta esto). Una vez comidos, nuestra siguiente preocupación era donde dormiríamos, cruzando la calle había un hotel donde decidimos pasar la noche, el hotel no era para nada como se lo imaginan, o tal vez como yo me lo imaginaba, era de paso, nunca había estado en un lugar así, con esa luz oscura y amarilla, en pésimas condiciones, con cobijas con una figura de un azteca mal dibujado y un baño con fugas de agua que resolvían con tape negro.


Yaqui-79



Yaqui-78





Al menos no era la calle, ni tendríamos que invadir una casa, era seguro y podíamos descansar, decidimos no tocar nada o lo menos posible, volvimos a poner nuestros tendidos y a dormir. Mañana nos espera la Quema de Máscaras, que es, probablemente, la más atractiva de todas las ceremonias de la Semana Santa Yaqui.

Yaqui-77

domingo, 25 de marzo de 2018

Huyendo del Sueño Americano (De Tucson, USA a Nogales, México. 22-24 Feb 2018)


Probablemente no importa saber cómo acabé en Tucson, pero la historia tiene que empezar de alguna manera. Había estado trabajando en un evento llamado Gem Show durante un par de meses, y habiéndose acabado el Show, era hora de volver a mi casa, en Hermosillo. Cuatro horas en carro, básicamente una línea recta con una línea fronteriza de por medio. Cuatro días en bici si uno sigue esa línea recta. Y eso está bien si uno tiene prisa. Pero yo no la tengo tanto. Así que trazo una línea para nada recta, que promete llevarme por los cerros antes de bajarme en casa.

Homeless and hungry

Mi ruta intenta como primer propósito evadir la carretera 15, la línea recta que mencioné arriba. Demasiado ruido. Además, del lado mexicano, demasiados tramos en reparación. Como segundo propósito, llevarme por un camino que ya conozco que desde hace rato quiero pedalear, y otro que no conozco que desde hace rato quiero explorar. Antes de agarrar camino para salir de Tucson voy a un mural que había visto y que dije que le tomaría foto antes de irme.

IMG_2256

En el camino ya para salir de la ciudad me detengo afuera de un restaurante para avisar por teléfono a mi familia que ya voy a empezar, y mientras estaba en eso, se me acerca una señora y me dice “Are you homeless? Are you hungry?”. Yo sonrío, aunque de hecho me estoy aguantando la carcajada. “No señora, acabo de tener un muy buen desayuno, y de hecho, hoy empiezo mi camino a casa”. Le explicó qué estuve haciendo las semanas anteriores y ella me cuenta que tiene 82 años de edad y que siempre ha vivido en Tucson. Me cuenta sobre los cambios que ha visto en la ciudad y en la gente, y me pregunta si me han tratado bien. Y de la nada, dice “Trump es un pendejo”. Aquí aprovecho para desahogar la carcajada. Le cuento que he conocido pura gente linda y que todo mundo se ha portado muy bien, al grado que me olvido que quien está en el poder, está en el poder. La señora me dice que me cuide y que me vaya bien, y me agarra las manos para darme algo. Son un par de dólares “Para que te compres comida para tu viaje”. Mientras pienso en la recién instalada horquilla nueva en mi bici por la cual pagué $120 dólares, le digo que no es necesario, pero ella ya está yéndose a su carro y no me queda más que decirle ‘muchas gracias’.

IMG_2259

La ciclovía me acompaña hasta las orillas de la ciudad y aún fuera de los límites de Tucson hay letreros que dicen “Comparte el camino”. Tucson, you are la onda. Mi plan hoy es subirme al Arizona Trail, un sendero que cruza Arizona desde la frontera con Utah hasta la frontera con México. No se permiten vehículos motorizados en este Trail, aunque tampoco estoy muy seguro de si sea posible hacerlo con una bici tan cargada como la mía. Ya en las orillas de la ciudad alcanzo a ver que los picos de las montañas cercanas tienen zonas de nieve. Parece que esta noche hará frío.

IMG_2260

El mentado Arizona Trail

Dejando Tucson atrás mi teléfono ya empieza a actuar raro y aunque descargué mapas, batallo para que me de mi ubicación actual. O sea, estoy reducido a prácticamente un mapa de papel pero con pantalla touch... Mientras dudo sobre qué dirección tomar un señor que salió a entrenar en su bici de ruta se detiene y me pregunta si necesito ayuda. Platicamos un ratillo y después de darme instrucciones él monta su bici, le agradezco por haberse detenido, y yo monto la mía. Doy vuelta en la siguiente desviación hacia el norte y pronto aparece un camino de terracería y lo que en inglés llaman “Trail head”, o sea, el fin de un camino “civilizado” y el inicio de un sendero. A la entrada hay recomendaciones de qué hacer en caso de encontrar un gato montés o un coyote, que yo me las leo pero espero no tener que recordarlas. Abro un cerco metálico, paso con la bici, y lo cierro.  Qué rico se siente el caucho de las llantas rodando sobre tierra, y qué rico el sonido que hace. Aparece un ejército de cactus, como para dejarme en claro por qué a esta zona la llaman Saguaro National Park.

IMG_2266
IMG_2269

El sendero sigue una dirección generalizada hacia el este. Hermosillo está hacia el sur, así que supongo (espero, deseo) que eventualmente va a girar hacia la derecha para empezar a bajar. Hasta ahora el terreno no está mal. Un poco rocoso a ratos pero en general transitable sin problemas.

IMG_2274

Aquí se me ocurre aprovechar para tomarme una selfie. De esas que tanto me preguntan que si cómo las hago o que si quién me las toma. De esas que empecé a tomar porque mi familia decía que muy bonitos paisajes pero que si por qué no salía yo. Mamá, es que es difícil encontrar a alguien que me tome una foto cuando estoy en el monte. Así que pongo el tripié, saco la cámara, programo el temporizador, y avanzo, para luego hacer el mismo proceso pero inverso. Sobra decir que me siento un poco ridículo haciendo este cirquito, a pesar de que generalmente es en lugares donde no hay nadie para disfrutar el show. Excepto esta vez. Esta vez aparece una pareja de caminantes vestidos en ropa deportiva. Y en la selfie tres fotos arriba apareció un señor corredor, que me preguntó si estaba bien porque en un intento de disimular lo que estaba haciendo me puse a hacer como que checaba mi llanta de enfrente. Y en la selfie cruzando un arroyo que viene más abajo fui sorprendido in fraganti por otro ciclista. No vi a nadie el resto del tiempo, salvo cuando estaba tomando una foto de esas…

IMG_2275
IMG_2281

El senderito requiere mucha de mi atención, sobre todo en aquellos tramos donde paso junto a los cactus más cerca de lo que me siento cómodo. La mayor parte del tiempo el sendero ni siquiera es más ancho que mi manubrio.

IMG_2282

IMG_2283

IMG_2286

Jamás en mi vida he practicado bici de montaña. Mis años de bici han girado básicamente a usarla de transporte, sea en la ciudad o fuera de ella. Pero a ratos pareciera que es precisamente mountain bike lo que estoy haciendo. Me gustaría decir que la bajada de la foto que sigue la hice sobre la bici. La verdad es que me bajé y caminé. En mi defensa puedo decir que de todos modos iba a tener que hacerlo, porque enfrente apareció un arroyo, demasiado profundo y arenoso para cruzarlo rodando.

 IMG_2291

IMG_2292

(Aquí es donde apareció el otro ciclista mientras tomaba esa foto)

La tarde cae y yo sólo quiero seguir avanzando, estoy como, “en la zona” o algo así. Establezco las 6.30 como la hora para empezar a buscar un lugar dónde acampar, pero llegan las 6.30 y me digo a mí mismo, “Sólo diez minutos más, ándale ¿sí?”. Afortunadamente soy muy disciplinado y tengo mucho autocontrol, así que me detengo justo donde estoy, dejo la bici en el suelo, y busco a mi alrededor un lugar lo suficientemente grande y plano para echar mi tendido.

IMG_2299

IMG_2300

IMG_2303

Con la desaparición del sol, la temperatura baja como si alguien hubiera apagado la calefacción. Después de un día de shorts y playera, me envuelvo en pantalón, calentadores de piernas, chamarra, guantes, y calcetas, suéter y gorro de lana. A pesar de la cercanía a la ciudad, se alcanzan a ver un montón de estrellas, y aunque la noche está muy bonita y todo eso, no tardo en meterme a la casita para cenar y leer a puerta cerrada. Eventualmente el sueño me visita y yo le digo que entre.

IMG_2329

IMG_2331

IMG_2346-3

Pero su visita no dura demasiado. El frío me despierta, particularmente el que siento en los pies. Me asomo al reloj con la esperanza de que falte poco para que amanezca, pero para mi decepción, es apenas pasadito de medianoche. He dormido qué, ¿como tres horas? Y bueno, del resto de la noche no hay mucho qué decir, basta con imaginarse a un Dani en posición fetal en medio del desierto, rotándose de un lado a otro al compás de los coyotes y los búhos, tratando de ignorar el frío para poder dormir y no lográndolo. Qué pasó por mi mente en todas esas horas, honestamente no lo sé, pero estoy seguro que no resolví nada importante por estar pensando “Pinshe Sol cómo te tardas”. Eventualmente mi casa se empieza a iluminar, y con ella mi esperanza de volver a sentir calor en mis pies.

IMG_2350

Salgo de la casita para encontrar mis botellas de agua congeladas, y una capita de escarcha sobre mi bici. En ese momento pensé, “Espero esta haya sido la noche más fría de mi viaje”, pero, spoiler alert, no lo sería. Me meto un par de frutas a la boca mientras recojo el changarro y pospongo el desayuno, con la intención de ponerme en movimiento lo más pronto posible y entrar en calor, mis pies duelen del frío. ¿Supongo es mejor que duelan a no sentirlos?

IMG_2355

A marcha forzada hacia la frontera

Me salgo del Arizona Trail por un camino de terracería, que eventualmente me lleva a la carretera pavimentada que va hacia Sonoita, luego Patagonia, y luego Nogales. Mi plan para el día es: 1. Dejar de sentir dolor en mis pies, 2. Llegar a Patagonia. En ese orden, si es posible. Lo primero lo logro alrededor de las 10 de la mañana, cuando al llegar a la carretera me descalzo y piso el pavimento tibio. Mientras me como un sándwich descubro que a medio metro de mi hay una jeringa usada. Cómo y por qué terminó ahí es un misterio para mí, pero se acabó aquello de andar descalzo.

IMG_2357

No tardo en volver a los shorts y playera. De hecho, poco tardo en estar sudando a chorros. Resulta que Sonoita está más alto que Tucson, así que todo el camino a Sonoita es ir de subida, no muy inclinada pero sí constante. A mediodía me llega el hambre, pero descubro que estoy sacándole la vuelta a las dos latas de atún que traigo en mi mochila. La sola idea de meterme otro sándwich de atún a la boca hace que se me quite el hambre. Creo que ha llegado el momento de cambiar de dieta. Así que continúo, con la meta de llegar a Sonoita y comerme un hamburguesón, de esos que saben hacer por estos rumbos.

Pero, oh decepción. Después de pedalear de subida toda la mañana, llego a Sonoita para darme cuenta de que básicamente es una estación de bomberos, una gasolinera, y dos tiendas. Ah, y carros de la Border Patrol que no dejan de pasar. Según Google maps hay una pizzería, pero que abre hasta dentro de una hora, y no pienso esperar. El mal humor formado dentro de mi vacío sistema digestivo ya ha subido a mi cabeza y me siento claramente molesto, me cago en las subidas que generalmente disfruto, y me pregunto cuándo dejaré de ir en ascenso. Anoche ya hizo suficiente frío, y si sigo ganando altitud, hará más. Entre berrinche y berrinche me echo unas semillas y unas zanahorias a la boca y una bolsa de papitas para aplazar el hambre, y continúo mi camino. Un señor muy alegre que llega a usar los baños me dice, “Es todo de bajada hasta Nogales”. La experiencia me ha enseñado que, por salud mental, es mejor desconfiar cuando personas no-ciclistas dicen que de Punto A a Punto B es pura bajada. Nada personal contra los conductores, pero no es lo mismo pisar un acelerador para ganarle a una subida, que ir pateando los pedales en el cambio más bajito después de que te dijeron “Es pura bajada”. El caso es que allá voy hacia el siguiente poblado, Patagonia, total, qué son 20 km más.

IMG_2360

Resultó que el señor del carro tenía razón. Salvo una subidita que me hizo volver a entrar en calor, el resto fue, efectivamente, bajada. Ciclado en la misma canción una y otra y otra vez, no me detuve hasta que vi aparecer Patagonia (Arizona, no la Argentina) frente a mí. He pasado innumerables veces por este pueblo, pero dentro de un carro, yendo o viniendo de Cd. Juárez con mi familia. Desde que mis piernas re-aprendieron a andar en bici por ahí de los 18 años, este camino me había atraído. Y ahora aquí estaba. Y también estaba un hambre horrible. Con mi cuerpo claramente funcionando en las reservas, me puse a buscar dónde comer. Específicamente, me puse a buscar dónde comer un hamburguesón, de esos que saben hacer por estos rumbos. Después de un par de vueltas a la placita central di con un lugar llamado Wagon Wheel Saloon, con la finta así de uno de esos barecillos que aparecen en las películas del viejo oeste. Estaciono mi bici afuera y entro, saludo a un par de personas en la barra, y me siento en una mesa desde donde puedo ver mi bici. La muchacha detrás de la barra viene y me entrega un menú. Hora de hacer valer los dos dólares que me regaló la señora al salir de Tucson. Pido una Budweiser y la hamburguesa más coshina que encontré en el menú. Mato los minutos de espera viendo las Olimpiadas de invierno, que consisten básicamente en un montón de deportes que jamás había visto en mi vida. Después de un rato, aparece ella. Qué visión tan hermosa verla venir hacia mí. Me pregunto si habré asustado a la mesera con mi cara de lujuriosa impaciencia desde que la vi salir de la cocina hasta que llegó a mi mesa. Exprimí el bote de mostaza sobre la carne y el de cátsup sobre las papas, y me sumergí en un océano de grasoso y frito placer, un espaciotiempo donde sólo mi hamburguesa y yo existíamos.

IMG_2362

Eventualmente termino de comer y me quedo ahí, suspendido en mi propio universo, o lo que comúnmente llamamos “el mal del cochi”. Mientras yo estoy en eso, veo por la ventana que se acerca un grupo como de diez personas. Algunos de ellos, antes de entrar, se detienen a ver mi bici y señalan partes específicas de mi bici, luego siguen a los demás y ocupan una mesa cerca de la mía. Después de un ratito, una de ellas se levanta y viene a mi mesa. “¿Esa es tu bici?”, me pregunta. “Yup”, digo yo, orgulloso. Me pregunta un poco sobre mi ruta pasada y futura, y cuando le digo que voy a México, me pregunta si puede acoplarse a mi ruta del lado mexicano por un par de días. Compañía en el viaje vendría bien, para variar. Ella me explica que está trabajando en Patagonia como guía en un campamento de ciclismo, pero que en un par de días estará libre. Intercambiamos contactos y acordamos vernos en Nogales, México, y luego me recomendó un lugar no muy lejos del pueblo donde se puede acampar. Después vuelve a su mesa, y yo a alistarme para buscar dicho lugar.

Mientras recojo mis cosas puedo verme tranquilo, como una persona normal conociendo a otra persona normal. Pero por dentro sé exactamente con quién acabo de hablar. Y no es una persona normal en absoluto. Yo he visto ese corte de cabello y esa cara aniñada en otro lugar. En la pantalla de mi computadora, para ser precisos. En 2016 quedó en 1er lugar en la TransAmerican Bike Race, al cruzar Estados Unidos de oeste a este en 18 días y 10 minutos, estableciendo el segundo mejor tiempo registrado desde la existencia de la carrera. Para ponerlo en perspectiva, esto le requirió pedalear un promedio de 380 kilómetros diarios, durmiendo de 3 a 5 horas por noche. Con esto en la cabeza, me despido del grupo con un casual movimiento de la mano, y monto mi bici para dirigirme hacia el lugar que Lael Wilcox me acaba de recomendar para acampar.

IMG_2369

El lugar donde paso la noche es la sección del Arizona Trail que pasa por Patagonia. Me meto un poquito dentro del sendero y encuentro un espacio lo suficientemente grande para mi casa y mi bici. Con el estómago tan lleno, bastaron unas cuantas páginas de lectura para quedarme dormido, de nuevo, con todas las capas de ropa que me es posible ponerme sin llegar a la sensación de estar dentro de una camisa de fuerza. Eventualmente me despierta el frío de nuevo. Miro el reloj y esta vez ni siquiera ha pasado de medianoche. Bueh, no tenía muchas ganas de dormir de todos modos. Me gusta estar tirado en el suelo sin hacer nada durante horas, esperando a que salga el sol. Paso la noche en una montaña rusa que sube y baja entre distintos estados del sueño, yendo desde el estar completamente despierto pero sin llegar al estar completamente dormido. A ratos hago abdominales con intención de calentarme un poco, pero no logro mucho, ni tampoco me salen cuadritos. El problema es de nuevo mis pies. ¿Qué ejercicios puedo hacer para calentar específicamente mis pies? Los restriego uno con el otro, los junto lo más que puedo con el resto de mi cuerpo, pero nada parece funcionar. Sólo están ahí, doliendo de frío.

De nuevo se le vence el plazo a la noche y le llega el turno al Sol. Me atrevo a salir del sleeping y abrir la puerta de la casita, para descubrir que estoy acampado justo detrás de un cerro, así que para acabarla, el Sol se va a tardar más de lo “normal” en salir. El suelo, las plantas y mi bici están cubiertos de agua en forma de polvito blanco, como de cristal molido. Las botellas que dejé afuera están duras como piedras.

IMG_2370

IMG_2374

IMG_2377

Mientras batallo por tener los dedos fríos para abrir los broches para desarmar la casa, una esquinita se ilumina por rayos directos de sol. Me paro donde pega pero apenas me alcanza a dar en la cara. “Corro” en mí mismo lugar para generar calor, luego vuelvo a lo de recoger el tendido. Cuando quito el techo impermeable descubro que una capa de hielo se generó por mi vapor exhalado durante la noche. Con razón no podía dormir, si por poquito y neva dentro de mi casa…

IMG_2380

IMG_2381

Después de empacar vuelvo a pasar por Patagonia para retomar mi camino hacia Nogales. Son sólo 30km, incluyendo mi primer cruce fronterizo internacional en una bicicleta. Negocio un acuerdo con mi cuerpo: me llevas de aquí a Nogales con dos barritas y una naranja, y yo te doy todos los tacos que quieras cuando lleguemos. Requirió muy poca deliberación aceptar el trato. Mi estómago responde con un sonido afirmativo, así que pelo la naranja y abro las barritas para poder comérmelas mientras pedaleo.

IMG_2383

Me invade una mezcla de emoción y ansiedad, y avanzo apenas parando una vez para orinar. La hago de contrarreloj en lo plano, uso la estrella grande en las bajadas, y me paro sobre los pedales en las subidas. Una carrera contra mí mismo. El camino está plagado de Border Patrol, pero ninguno muestra particular interés en mi presencia. Otro ciclista, probablemente piensan. Además, va de norte a sur. Si se quiere ir del país, por nosotros mejor.

IMG_2386

Aparece Nogales, Arizona, y lo atravieso sin bajar el ritmo, sólo obligado a frenar por dos semáforos en rojo. Paso por un parque que me trae aquella memoria de mmi infancia, cuando yo tenía ocho años y mi familia y yo apenas llegábamos a vivir a Sonora desde Cd. Juárez. Mi mamá compró pollo y nos fuimos a ese parque a comer y después a jugar. Luego aparece el cruce de frontera. No soy carro, pero tampoco soy peatón, ¿por dónde cruzo? Me asomo al cruce peatonal y tiene unas torretas donde mi bici no va a caber, así que me acerco al cruce de carros. Le hago señas a un oficial y le pregunto si está bien cruzar por ahí con la bici. El oficial apenas mueve la cabeza en señal afirmativa casi sin desviar su mirada de los carros, y de repente ya estoy en México. Me detengo para asimilarlo y para agarrar un poco de aire, pero no tardo mucho en volver a poner el pie sobre el pedal. Una buena amiga me espera en esta ciudad, y probablemente debería avisarle que ya llegué. Pero primero, tengo una promesa que cumplirle a mi estómago…

IMG_2387